Arrepentimiento: La Puerta Hacia La Libertad www.axley.org   


ARREPENTIMIENTO:
LA PUERTA HACIA LA LIBERTAD

Por:
Buddy Axley


Prefacio

Durante muchos años he tenido un gran deseo de expresar que lo que siento es un punto vital para la gente de la tierra en la actualidad, ya sea que estén perdidos o sean salvos.  Creo que debido a los continuos tratos del Espíritu Santo en mi propia vida estos escritos han sido retrasados hasta ahora.  Dios desea hacer una obra en nosotros de manera que El pueda hacer una obra a través de nosotros.  ¡Aleluya!  Una de estas obras es el arrepentimiento.

El arrepentimiento debería de ser un estilo de vida y no solamente una experiencia. Es por supuesto una experiencia y una necesaria si hemos de llegar a conocer a Jesucristo y Su voluntad para nosotros.  Pero para vivir una vida de libertad y desenvoltura en una base continua, debemos estar  siempre listos y prontos para arrepentirnos.

               Desafortunadamente, hay muchos mal entendidos y recelos acerca del arrepentimiento.  Ya que es una doctrina básica fundamental del evangelio de Jesucristo, no debemos permitirle a la ignorancia o indiferencia que limite nuestra experiencia de vida con Dios.  Jesús dijo: ”Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Jn. 8:32).  ¿Queremos usted y yo ser libres?  Para ser libres debemos conocer la verdad y parte de esa verdad es la verdad del arrepentimiento.  Yo creo que el arrepentimiento es la puerta hacia la libertad.  Creo que veremos juntos por qué esto es verdadero.  ¡Siga leyendo!


Introduccion
 

Si el arrepentimiento es la puerta hacia la libertad o la entrada hacia la libertad, entonces ¿qué significa arrepentimiento y cómo podemos comprender su función?

            El arrepentimiento es una función divina que causa un cambio divino, no obstante, siempre requiere de acción de nuestra parte.  El arrepentimiento es un paso de fe que nos guía a la reconciliación con Dios.  El arrepentimiento es un cambio de idea y actitud, una forma de pensar diferente.  Es cambiar nuestra mente por lo mejor y pensar en la forma que Dios piensa.  Podemos hacer esto porque tenemos la mente de Cristo (Vea 1 Co. 2:16).  Si pensamos pensamientos santos y como Cristo, ello afectará nuestro ser total.  “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Pr. 23:7).  Arrepentimiento es odiar nuestro pecado pasado y presente, y que le volvamos la espalda a lo que desagrada al Señor.  ¡Esto es arrepentimiento!

Veamos al principio de las doctrinas de Cristo como se encuentra en Hebreos 6:1-6.  Hallamos enumerados aquí: El arrepentimiento de obras muertas, la fe hacia Dios, la doctrina de los bautismos, la imposición de manos, la resurrección de los muertos y el juicio eterno.  ¿Creemos que la fe hacia Dios es necesaria?  La Palabra de Dios nos dice en Hebreos 11:6 que sin fe es imposible agradar a Dios.  ¿Creemos que es importante el experimentar el bautismo en agua y el bautismo del Espíritu Santo y fuego?  Jesús nos dice claramente que necesitamos ambos para vivir una vida victoriosa como Sus testigos.  ¿Creemos en el beneficio de imponer manos sobre los enfermos para que se sanen e imponer manos sobre los hermanos y hermanas para impartir dones espirituales y confirmar llamamientos?  La Biblia nos exhorta a que lo hagamos.  ¿Creemos que resucitaremos de los muertos si morimos antes de la venida del Señor?  Está, por supuesto, es una de las preciosas promesas de vida eterna de Dios.

               ¿Creemos que hay un juicio eterno?  Dios dice que está estipulado para todos los hombres que mueran y después de esto el juicio.  Como ven, Pablo no estaba minimizando la importancia de estos principios.  El nos estaba exhortando a edificar, madurar y crecer sobre estos principios, no hacerlos a un lado.  De hecho, él nos advierte acerca de apostatar de la luz, el don celestial, el Espíritu Santo, la Palabra de Dios y Su poder sobrenatural o crucificar de nuevo al Hijo de Dios y exponerle a vituperio.  Esta dureza e insensibilidad podría ocasionarnos el ser incapaces de renovarnos a nosotros mismos para arrepentimiento y podríamos ser incapaces de entrar en la libertad del Señor.

            El arrepentimiento de obras muertas, obras de la carne que no producen sino mayor frustración y esclavitud, está enumerado como la primer cosa que debemos hacer acá en esta escritura.  ¡Dios nos quiere libres y llenos en Espíritu!  ¡Amén!  ¡Donde está el Espíritu de Dios hay libertad!  


La Iglesia Debe Arrepentirse Para Que el Mundo se Arrepienta
 

            Siento una carga de que nosotros como la iglesia, también hemos tenido algunos conceptos erróneos reales acerca del arrepentimiento.  Aunque somos receptores y beneficiarios del perdón de Dios, cuando no andamos en los principios del arrepentimiento en una base continua volvemos de nuevo a la esclavitud y a la consecuencia del pecado que cometemos.  Pablo nos dice a través del mensaje a la iglesia en Galacia: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud” (Gá. 5:1).

            El Espíritu Santo, que habita dentro de cada creyente ha llegado a la intimidad con nosotros y a revelarnos la voluntad de Dios.  Vea en Juan capítulo 16 lo que Jesús dice:  “Porque si no me fuera, el Consolador (Consejero, Ayudador, Defensor, Intercesor, Fortalecedor, Apoyo) no vendrá a ustedes - en comunión íntima con ustedes.  Y cuando El venga, hará admitir y convencerá al mundo y le traerá demostración acerca del pecado y acerca de la justicia - rectitud de corazón y permanencia con Dios - y acerca de juicio” (Jn. 16:7-8 Ver. Amp.)  ¿Cuál es nuestra responsabilidad cuando el Espíritu Santo nos convence de pecado?

               Primero, debemos reconocer como creyentes, que puede haber pecado en nuestra vida.  Vea I Juan 1.  “Si decimos que no tenemos pecado - rehusando admitir que somos pecadores - nos engañamos y descarriamos, y la verdad (que el Evangelio presenta) no está en nosotros - no habita en nuestro corazón” (I Jn. 1:8 Ver. Amp.)

               Segundo, debemos tomar acción arrepintiéndonos y confesando nuestro pecado.  “Si libremente admitimos que hemos pecado y confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo (verdadero a Su propia naturaleza y promesas) y perdonará nuestros pecados (absolverá nuestro desorden) y continuamente nos limpiará de toda injusticia - todo lo que no esté conforme a Su voluntad en propósito, pensamiento y acción” (I Jn. 1:9 Ver. Amp.)

            Tome nota que en I Jn. 1:10 continúa repitiendo la advertencia de que no deberíamos ignorar el pecado en nuestra vida.  “Si decimos (declaramos) que no hemos pecado, contradecimos Su palabra y le hacemos a El ser falso y mentiroso y Su palabra no está en nosotros - el mensaje divino del Evangelio no está en nuestro corazón.”

            ¡La hipocresía hace que la gente tropiece!  Cuando nosotros, la iglesia, predicamos el Evangelio con nuestra boca pero vivimos de otra manera en nuestra vida diaria, somos hipócritas.  La mayoría de la gente del mundo, muy dentro de si, quieren ser libres de la esclavitud del pecado.  Como la iglesia, hemos sido librados de la esclavitud del pecado por la preciosa sangre de Jesús.  Esta es una verdad y ley absoluta del Evangelio, pero no se realiza automáticamente.  Requiere la acción del arrepentimiento de nuestra parte.  ¡El arrepentimiento es la puerta hacia la libertad!  ¡Es el camino hacia la libertad!

               Podemos engañarnos a nosotros mismos por no tomar la acción necesaria.  “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Stg. 1:22).  Santiago también nos dice: “Pero el que mira cuidadosamente en la perfecta ley, la (ley) de la libertad, y es fiel a ella y persevera estudiándola, no siendo un oidor descuidado que olvida, sino un hacedor activo (que obedece), él será bendecido en su hacer - en su vida de obediencia” (Stg. 1:25 Ver. Amp.).

            ¿Puede usted ver la confusión ocasionada por un estilo de vida contradictorio que llama a otros al arrepentimiento pero que rehusa arrepentirse a si mismo?   “Si decimos que somos participantes y disfrutamos de comunión con El cuando vivimos, nos movemos y estamos caminando en tinieblas, estamos (ambos) hablando falsamente y no vivimos y practicamos la verdad (del Evangelio).” (I Jn. 1:6 Ver. Amp.).  Noten las palabras usadas aquí: “vivimos, nos movemos y estamos caminando en tinieblas.” Vea en contraste lo que el verso siguiente dice acerca de otra forma de vivir y caminar.  “Pero si (verdaderamente) estamos viviendo y caminado en la Luz como El (El mismo) está en la luz, tenemos (verdadera, inquebrantable) comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia (quita) de todo nuestro pecado y falta - nos mantiene limpios de pecado en todas sus formas y manifestaciones” (vs. 7).

               Veamos en Romanos capítulo 8, referente al andar y vivir en libertad.  “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.  Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” ( Ro. 8:1-2).

            La verdad es que cuando nosotros no andamos, hablamos, pensamos, actuamos y no somos guiados por el Espíritu Santo, pecamos en contra del Señor y en contra de aquellos que están alrededor de nosotros.  Si no tratamos con el pecado en una forma espiritual caemos bajo la condenación de satanás.  Gracias a Dios por el arrepentimiento, la confesión y el perdón que nos libra de esa condenación.  ¡Aleluya!

               Permítame compartir con usted una ilustración que el Señor me dio hace varios años y me ha ayudado grandemente en mi andar con Dios.  Esto es lo que yo vi en el espíritu:

(La obra del Espíritu Santo)
CONVICCION
-ARREPENTIMIENTO-CONFESION-PERDON-LIBERTAD-COMUNION  
 
PECADO
 

NO ARREPENTIMIENTO-CONDENACION CULPA-ESCLAVITUD-SEPARACION
(La obra de satanás)  

            Note que un paso lleva al otro en ambos casos.  En cualquier punto de nuestra vida cuando respondemos a Dios con un corazón arrepentido, la obra del Espíritu Santo comienza y esta obra nos guía a través de la puerta de la restauración como se ve en la ilustración anterior.  Si no elegimos responderle al Espíritu Santo, automáticamente le abrimos la puerta a satanás, que nos lleva hacia abajo a la esclavitud, aislamiento y separación de nuestra única fuente de libertad, Jesucristo.

   Recuerde, yo dije anteriormente que el arrepentimiento es un cambio de mente y actitud que consiste en pensar a la manera de Dios acerca de nuestra situación.  Nuevamente vemos Romanos 8:6: “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.”  Note también como la ley del Espíritu de Vida en Cristo Jesús afecta nuestros cuerpos carnales y los lleva bajo sujeción a Dios.  “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Ro. 8:11).

            El arrepentimiento comienza una reacción sobrenatural en cadena que nos da todos los beneficios maravillosos de la vida y libertad en Jesucristo.  ¡Aleluya!

            El pensamiento aquí es que a menos que nosotros, el pueblo de Dios, nos arrepintamos y sometamos al Espíritu Santo, no podremos testificar al mundo alrededor nuestro de la libertad encontrada en Cristo.  La Biblia dice: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Co. 3:17).

               También deberíamos ver que donde el Espíritu del Señor es apagado y resistido no hay libertad.

            Jesús trató con severidad a los religiosos de Su tiempo, ante todo por la hipocresía en sus vidas.  Recuerden, la hipocresía es decir una cosa pero hacer otra.  Los hipócritas insisten sobre cierto modelo para que otros vivan pero ellos mismos no viven bajo él.  Hablando de hipocresía, Jesús dijo: “En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos.  Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen” (Mt. 23:2-3).  Jesús repetidas veces se dirige a esta misma gente como hipócritas más adelante en este mismo capítulo.

               Nosotros, como cristianos, somos llamados por Dios para testificar a otros en el Nombre de Jesucristo.  ¿Cómo hacemos eso efectivamente?  Muchos de nosotros tenemos nuestras formas de testificar, pero a no ser que nuestro testimonio incluya un estilo de vida de acuerdo a lo que decimos, compartimos o predicamos, seremos hipócritas.  Desafortunadamente, el mundo a nuestro alrededor rápidamente mira la hipocresía en nuestra vida y puede ser alejado de nuestro Señor y Salvador.

Iglesia, andemos y vivamos en arrepentimiento de manera que aquellos que están a nuestro alrededor respondan al Evangelio, a la convicción del Espíritu Santo, se arrepientan y pasen a través de la puerta de la libertad.  ¡Amén!


El Mensaje del Evangelio es un Mensaje de Arrepentimiento

Juan el Bautista, quien fue el último profeta del Antiguo Testamento, el anunciador y proclamador de Jesús el Mesías, predicó y declaró un único mensaje.  Fue el mensaje del arrepentimiento.  Juan también bautizó a aquellos que creyeron y prestaron atención a ese mensaje en el bautismo de arrepentimiento.  En Mateo 3:8, le advierte a unos hipócritas que el arrepentimiento debe ser hecho evidente con el fruto del arrepentimiento.  Como todos sabemos el sentir por nuestros pecados, errores y hechos equivocados no nos ayuda a ser liberados de ellos.  Esa es la razón por la que el verdadero arrepentimiento, el arrepentimiento del Evangelio verdadero, tiene que ser acompañado por sus frutos.  Jesús dijo que conoceremos un árbol por su fruto.  “Por sus frutos les conoceréis…Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.  No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos” (Mt. 7:16-18).  Jesús y Juan ambos predicaron proféticamente el Evangelio del Nuevo Pacto que todavía no estaba en efecto.

Cuando Jesús salió de la experiencia de 40 días en el desierto, Su primer mensaje fue el del arrepentimiento.  “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir:  Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”  (Mt. 4:17).  “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo:  El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Mr. 1:14-15). Jesús estaba predicando el mensaje del evangelio del arrepentimiento.

Jesús es la única puerta por la que podemos entrar en la vida, libertad y la búsqueda de la felicidad.  Jesús dijo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá y hallará pastos.  El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Jn. 10:9-10).  ¡Aleluya!  Jesús dijo:  “Yo soy el Camino, y la Verdad y la Vida; nadie viene al Padre, sino por Mí” (Jn. 14:6).  Una vez más permítame decir que Jesús es nuestra única esperanza y para recibir innumerables beneficios divinos, debemos prestar atención al mensaje del evangelio, el mensaje del arrepentimiento, y entrar por esa puerta que Jesús mismo ha provisto.

Durante el ministerio terrenal de Jesús, mientras entrenaba a Sus discípulos para la obra del Evangelio, El les dio instrucciones acerca de qué predicar y como ministrar.  El les dio el ejemplo.  Vemos lo que se dice acerca del ministerio de ellos en Marcos capítulo 6: “Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos. Y saliendo predicaban que los hombres se arrepintiesen. Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban” (Mr. 6:7,12,13).

Una de las últimas cosas que Jesús le dijo a Sus discípulos acerca de su responsabilidad para llevar a cabo la gran comisión se encuentra en Lucas 24:46-47: “Y les dijo:  Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día, y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones comenzando desde Jerusalén.”  Recuerde que esto ocurrió después de la muerte, entierro y resurrección de Jesús, haciendo también del arrepentimiento una parte del Nuevo Pacto que fue establecido.  Aunque Jesús ministró en el pacto antiguo, El también introdujo y anunció el Nuevo Pacto.

Vemos en Hechos capítulo 2, en el día de Pentecostés, que el Espíritu Santo cayó y llenó a todos los que estaban reunidos en el aposento alto.  Pedro después trajo el mensaje del arrepentimiento, que llevó al inicio de muchas conversiones a Cristo y al comenzar de la iglesia del Nuevo Testamento como la conocemos hoy en día. Pedro habló ese día con una nueva y fresca autoridad de lo alto y concluyó su mensaje con esta fuerte exhortación.  “Pedro les dijo:  Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hch. 2:38).  Observe que el arrepentimiento fue el primer paso que Pedro les dijo realizaran para ser liberados del pecado.  Le habían hecho a Pedro una pregunta muy profunda. “Varones hermanos, ¿qué haremos?” (Hch. 2:37).  El arrepentimiento es la puerta para la remisión de pecados y el don del Espíritu Santo.  ¡Gloria a Dios!  ¡Esta es la libertad!

En Hechos capítulo 3, Pedro una vez más confrontó al pueblo con el Evangelio.  El les animó a arrepentirse para recibir los beneficios que proseguían.  “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y El envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado” (Hch. 3:19-20).

En Hechos capítulo 17, Pablo se estaba dirigiendo al pueblo de Atenas, Grecia y les estaba explicando el Evangelio de Jesucristo.  El reconoció la ignorancia de ellos, y que tenían muchos dioses, sin embargo les retó a que se arrepintieran.  Les dijo: “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hch. 17:30).  Como ve, si vamos a predicar el Evangelio de Jesucristo, vamos a tener que predicar el mensaje del arrepentimiento a todos los hombres por todos lados.

Cuando Pablo se reunió con los ancianos de la iglesia en Efeso, les recordó que él le había testificado a los judíos y gentiles respecto al arrepentimiento para con Dios y de la fe en nuestro Señor Jesucristo (vea Hch. 20:20-21).  En Hechos capítulo 26, Pablo también habló valientemente al Rey Agripa acerca de la obediencia de él (Pablo) a la visión celestial.  Podemos leer el informe en Hechos, capítulo 9, cuando Pablo fue encontrado en el camino a Damasco por Jesús.  El tuvo una visión celestial que cegó su vista natural, lo lanzó al suelo y le llevó al arrepentimiento para que pudiera ser un vaso útil para el Señor.  Más tarde, sabemos que Ananías fue enviado para ministrar a Pablo (entonces llamado Saulo) para confirmar el propósito de este encuentro divino que él tuvo con el Señor Jesús.  Ananías proféticamente le dijo a Pablo que él tenía que llevar el nombre de Jesús a los gentiles, reyes y al pueblo de Israel.  ¿Cómo llevó a cabo esto Pablo?  Una vez más vea lo que él le dijo al Rey Agripa:  “Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial, sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento” (Hch. 26:19-20).

Jesús nos recuerda en sus advertencias a las iglesias de Asia, que El toma en cuenta la obediencia y la desobediencia al Evangelio.  Cuando Le obedecemos a El Le agrada, pero cuando Le desobedecemos Le desagrada.  Podemos ver en los capítulos 2 y 3 de Apocalipsis que una ruta de escape de la rebeldía, indiferencia, apatía, orgullo y tibieza es el arrepentimiento.  Hablaremos acerca de estos mensajes a la iglesia más adelante.


¿Es la Voluntad de Dios que Todos se Arrepientan?
 

Una respuesta a esa pregunta se encuentra en II Pedro 3:9: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”

Hemos estado considerando la verdad del mensaje del Evangelio de arrepentimiento y de su necesidad para poder experimentar la libertad.  Cuando Dios expresa Su voluntad y propósito para nosotros es porque El sabe que es lo mejor para nosotros.  El es un Padre amoroso, lleno de misericordia, compasión y paciencia.  El no quiere vernos perecer, estar en esclavitud, y sufrir por injusticia.  El no nos fulmina o trae rápidamente su juicio sobre nosotros, sino que es lento para la ira y pronto para restaurarnos cuando nos arrepentimos.

Veamos más de cerca al corazón misericordioso de Dios como se expresa en Hebreos capítulo 4: “Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.  Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (He. 4:12-13).  Estos versos nos permiten conocer que si Jesús es nuestro Señor, entonces El, la Palabra Viva, penetrará nuestro ser interior y nos llamará a cuentas.  Todo en nuestra vida, todas las acciones, actitudes y pensamientos están expuestos por Su Palabra y por Su Espíritu.  Esto aplica incluso a las cosas que creemos son secretas y escondidas.  El conoce y busca profundo dentro de nosotros porque quiere ayudarnos con nuestra debilidad y liberarnos de nuestra esclavitud.  ¡Aleluya!

“Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión.  Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (He. 4:14-15).  Hay algo muy importante para que veamos acá.  La tentación no es pecado.  Es, no obstante, una oportunidad o una puerta abierta para entrar al pecado.  Recuerde, Jesús fue grandemente tentado en varias ocasiones; una vez en el desierto por satanás mismo y después en el Huerto de Getsemaní cuando El enfrentó la crucifixión y la muerte en la cruz.  Sabemos que El no se rindió a estas tentaciones, sino que resistió al diablo en el desierto y en el huerto.  El renunció rápidamente al pensamiento que entró en Su mente de que podría haber otra manera de consumar el Nuevo Pacto.  El dijo: “No mi voluntad, sino la tuya Padre” (vea Marcos 14:36).  ¡Jesús nunca pecó!  Gracias a Dios.  El es nuestro substituto y sacrificio perfecto por el pecado porque aunque El fue tentado en toda forma como lo somos nosotros, ¡El nunca pecó!

El también es nuestro gran Sumo Sacerdote que media por nosotros a la diestra del Padre a través de Su sangre.  Hebreos 4:15 dice que El comprende nuestra debilidad y se compadece de nosotros y desea que recibamos ayuda de El cuando somos tentados.  “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (He. 4:16).  Jesús está llamando con los brazos abiertos para que vengamos a El a recibir ayuda.  Para recibir esta ayuda debemos arrepentirnos.  Debemos apartarnos de la tentación, alejarnos de la puerta del pecado y volvernos a Jesús con un corazón arrepentido, para recibir gracia, poder y misericordia y para entrar en la libertad que nos espera.  ¡Gloria, aleluya!

Hay un decir mundano que la gente usa tratando de evitar encarar la realidad.  Ellos dicen:  “¿Qué nació primero, la gallina o el huevo?”  Si pensamos por un momento, vemos que la respuesta es sencilla.  Dios creó a la gallina y la gallina puso el huevo.  Lo mismo se aplica al principio espiritual del arrepentimiento.  Primero, debemos arrepentirnos, después el Señor perdona, lava, sana, libera y nos restaura.  La salvación del Señor Jesucristo es muy extensa y realmente contiene la respuesta a cualquier necesidad que podamos tener.  ¡El arrepentimiento es la puerta hacia la libertad!  La voluntad de Dios es que nos arrepintamos para que podamos ser libres.  ¡Amén!

Dios desea que todos nos arrepintamos porque El no hace acepción de personas.  El quiere salvar, sanar, liberar y rescatarnos a todos.  “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Ti. 2:3-4).  Recuerde, ¡la verdad nos libera!

Pedro se asombró por la misericordia de Dios para los gentiles en la casa de Cornelio (vea Hechos capítulo 11).  Pedro le dio el siguiente informe a un grupo de cristianos judíos: “Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?  Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!” (Hch. 11:17-18).

Jesús dijo: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.  Id, pues, y aprended lo que significa:  Misericordia quiero, y no sacrificio.  Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mt. 9:12-13).  Dios quiere ayudarle a todos, así que El llama a todos los pecadores a arrepentirse.  Es importante que veamos el corazón de Dios en el tema del arrepentimiento.  Muchos erróneamente piensan que es un Dios duro y malo que demanda arrepentimiento como el primer paso del proceso de salvación, pero es de hecho un Dios bondadoso y misericordioso el que demanda que nos arrepintamos.

Pablo escribió una carta a la iglesia romana que confirma la verdadera naturaleza de Dios.  En Romanos capítulo 2, Pablo advierte en contra de aquellos que endurecen su corazón y continúan viviendo en pecado.  Este tipo de persona eventualmente soportará el juicio de Dios.  “Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad.  ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?  ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?  Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Ro. 2:2-5).

Hay tiempos cuando nosotros, aun como hijos de Dios, caemos en pecado y dejamos de obedecer el Evangelio.  El mensaje aquí es que no endurezcamos nuestro corazón, porque un Dios amable, misericordioso y bueno desea guiarnos al arrepentimiento.  Sí, mis amigos, el arrepentimiento es un acto de fe y obediencia de nuestra parte; pero la hermosa verdad es que Dios, a través de Su Espíritu Santo amablemente nos guía al arrepentimiento.  Este arrepentimiento cierra la puerta a las tácticas de satanás y le abre la puerta a la libertad del Señor.  Recuerde que la voluntad de Dios es que nos arrepintamos y no perezcamos.

Muchas veces hemos visto que aquellos que tienen actitudes juiciosas, crítica injusta y calumnia estorban a aquellos que desean ser restaurados en el Señor.  Estas actitudes y acciones son contrarias al corazón de Dios.  Jesús dijo a Sus discípulos: “Mirad por vosotros mismos.  Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.  Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento, perdónale” (Lc. 17:3-4).

Debemos hacernos una pregunta a nosotros mismos.  ¿Por qué no querríamos perdonar y ayudar a restaurar a alguien que se ha arrepentido?  Si creemos que es la voluntad de Dios que todos se arrepientan y que ninguno perezca, ¿por qué no reaccionamos para con otros de acuerdo a la voluntad de Dios?  Jesús dijo: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt. 5:7).

Hemos visto a aquellos que hipócrita y públicamente han ridiculizado a otros por sus pecados, ser públicamente descubiertos más tarde por el mismo pecado.  Encontramos el juicio y la justicia recta de Dios en Romanos capítulo 2: “Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo” (Ro. 2:1).

Veamos otra exhortación que claramente muestra el corazón misericordioso de Dios y Su voluntad para vernos venir al arrepentimiento.  En este pasaje Pablo está hablando a su colaborador Timoteo acerca de las responsabilidades de un siervo de Dios.  “Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él” (2 Ti. 2:24-26).

Dios nos está diciendo que deberíamos hacer todo el esfuerzo por ayudar a otra gente a librarse de la trampa del diablo.  ¿Cómo? ¿Mostrándole lo errado de sus caminos? ¡Sí!  Pero noten la actitud que debemos tener mientras hacemos esto.  Debe de ser una actitud de paciencia, mansedumbre y amabilidad lo que nos permitirá enseñar e instruir a aquellos que están confundidos, frustrados, desanimados, atrapados y derrotados.  Nuestra meta debería ser ver la verdad abrirse paso de tal manera que el arrepentimiento pueda venir.  íAleluya!  La voluntad de Dios es que todos seamos rescatados de la cautividad del pecado y que todos seamos libres.  ¡Gloria a Dios!

En Lucas capítulo 15, Jesús da dos parábolas mostrando la significancia que Dios pone en el arrepentimiento y cuán importante es para todos los del cielo.  El Señor usó el ejemplo de buscar una oveja perdida en el desierto, mientras deja las noventa y nueve en lugar seguro.  También usó el ejemplo de la mujer que tenía diez piezas de plata.  Cuando ella perdió una, la buscó hasta que fue hallada.  De la misma manera vemos cuán gran regocijo hay en el cielo cuando una persona se arrepiente.  “Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento... Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente” (Lc. 15:7,10).  


Dios  Recompensa  un  Corazón  Arrepentido

Comencemos con este pensamiento.  El pecado tiene sus consecuencias en tanto que el arrepentimiento tiene sus recompensas.  Pablo compartió en su carta a la iglesia de Corinto otro aspecto importante del arrepentimiento, que es la pena y el contristamiento santo.  Es muy importante comprender la diferencia entre el contristamiento que tenemos como seres humanos cuando cometemos errores que nos traen vergüenza o hieren nuestro orgullo, y el contristamiento que viene porque nos damos cuenta que hemos afligido al Espíritu Santo.  Dios no es el autor de la aflicción, dolor, contristamiento carnal y similares.  Dios es el autor del gozo, sanidad y felicidad.  Si somos sensibles al Señor, responderemos al contristamiento del Espíritu Santo dentro de nosotros y nos arrepentiremos.  Pablo dijo: “Aun me gozo ahora, no porque fueron contristados, sino porque fueron contristados para arrepentimiento (que les volvió a Dios); porque sintieron una tristeza como Dios tuvo la intención que sintieran... porque la tristeza santa y el dolor que Dios permite dirigir, produce un arrepentimiento que guía y contribuye a la salvación y liberación del mal, y nunca trae remordimiento o sentimiento...” (2 Co. 7:9-10 Ver. Amp.).  ¡Aleluya!

Veamos a las recompensas producidas por el arrepentimiento en este caso.  ¡Fue la salvación y liberación del mal!  ¡Fue Dios al rescate!  ¡Fue la ruta de escape de Dios de los peligros del pecado!  Hermanos y hermanas, si nos arrepentimos como un resultado del contristamiento santo nunca lo sentiremos!  Pablo continuó explicándonos el resultado de la tristeza del mundo: “Pero la tristeza del mundo (la tristeza que es característica del mundo pagano) es mortal - reproduciéndose y terminando en muerte” (2 Co. 7:10 Ver. Amp.).   Creo que esto está estrechamente unido a la obra satánica de condenación. La condenación produce culpa por una equivocación, error o pecado que hemos cometido. ¿Cómo escapamos de ésta culpa y condenación?  Escapamos arrepintiéndonos.  ¡Amén!

Permítame compartir con usted la ilustración espiritual que compartí al principio de este escrito.  El no arrepentimiento nos conduce a la culpa mundana y humana, contristamiento y pena y luego más hundido en condenación, esclavitud y finalmente en la separación de nuestra comunión con Dios y nuestros hermanos.  El arrepentimiento nos conduce a la confesión, perdón, libertad y a la comunión con Dios y aquellos a nuestro alrededor.  ¡Qué recompensas!  ¡Libertad y comunión!  Queridos amigos, necesitamos permitirle a esta tristeza divina que venga por medio de la convicción del Espíritu Santo para guiarnos al arrepentimiento.  Una tristeza que viene como consecuencia de que fuimos sorprendidos o expuestos no es nada más que lástima de sí mismo o auto-compasión.  Dios no quiere que sintamos conmiseración de nosotros mismos.  En lugar de eso quiere bendecirnos y recompensarnos cuando le respondemos por medio del arrepentimiento.

Jesús dio un mensaje muy claro de arrepentimiento a las siete iglesias en Asia, según Apocalipsis, capítulos 2 y 3.  Aquí podemos ver claramente el juicio justo de Dios.  Esta advertencia de juicio siempre estuvo acompañada con las promesas de recompensa si la iglesia se arrepentía.  Muchos de nosotros no queremos reconocer la autoridad de Jesucristo en Su iglesia.  Somos, como creyentes, Su iglesia; quienquiera que seamos y dondequiera que estemos ubicados sobre la faz de la tierra, necesitamos darnos cuenta que porque Jesús nos ama El nos llama al arrepentimiento.  El nos llama al arrepentimiento de manera que podamos cumplir nuestros propósitos divinos para que El pueda premiar o recompensarnos de acuerdo a lo que merecemos.  Necesitamos ver también que Dios no será burlado ni hará caso omiso de ninguna área de nuestra vida.  Cuando tengamos temor santo, reverencia y respeto seremos prontos para arrepentirnos.  Si no tememos a Dios, finalmente caeremos en Sus manos de juicio.  “Pues conocemos al que dijo:  Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor.  Y otra vez:  El Señor juzgará a su pueblo.  ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (He. 10:30-31).

Recordemos que todas las iglesias locales que pertenecen a Jesús son responsables ante El.  El es la Cabeza de la iglesia.  Desafortunadamente hay grupos locales que pertenecen a hombres que no quieren reconocer el señorío de El.  En medio de tales grupos, el arrepentimiento no es predicado o practicado.  Jesús no premia y recompensa a personas como estas.  El únicamente recompensa a los que se arrepienten.  Necesitamos admitir esta verdad de una vez por todas.

Cuando el Señor nos llama al arrepentimiento, no es necesariamente porque no estemos haciendo nada para agradarlo.  Por el contrario, El nos llama al arrepentimiento para que podamos ser libres y glorifiquemos Su nombre aún más y más en nuestra vida.

También recuerden, el Señor es un juez justo.  El tratará con nosotros en proporción directa a nuestro pecado, ya sea pecado individual o colectivo.  Hallamos esto confirmado una y otra vez en la escritura en Apocalipsis, capítulos 2 y 3.  Cuando el crédito se venció, Jesús fue pronto para reconocer las obras de justicia y fe.  Podemos revisar los hechos que agradaron al Señor.  Estos fueron numerosos, pero algunos de ellos eran: paciencia, perseverancia, fidelidad, padecimiento de aflicción, persecución y falsa acusación por Su nombre, resistencia a mensajeros y doctrinas falsas, amor, fe y servicio practicados en forma amplia, el guardar Su Palabra y la proclamación de Su Nombre.  En algunas de estas mismas iglesias, el Señor halló faltas que El también confrontó rápidamente.  Enumeremos unas cuantas:  Dejarlo a El como el primer amor, temor y terror, adherirse a/o aceptar falsa enseñanza o maestros, tolerancia de falsos profetas y espíritus seductores, pereza,  apatía espiritual, no compleción de la obra del ministerio, orgullo, engaño de sí mismo y tibieza.  Hubo una solución común que Jesús dio para todas estas enfermedades:  ¡Arrepentimiento!

He aquí algunas de Sus exhortaciones específicas para arrepentirse:  Arrepiéntase y vuelvan a Mí; sean leales y fieles aun hasta la muerte; despiértense y recuerden lo que les fue enseñado; y finalmente, arrepiéntanse sincera, entusiasta y celosamente.

Si las advertencias del Señor al arrepentimiento no son tenidas en cuenta las consecuencias les seguirán.  Nunca debemos ignorar la realidad del juicio de Dios, mis amigos.  Creo con todo mi corazón que el último curso de acción que Dios quiere tomar es juzgarnos.  Pero El es el Dios Todopoderoso y se reserva ese derecho y privilegio.  ¡Debemos comprender esta verdad!  Jesús dijo a estas iglesias: Arrepiéntanse, pues si no...  Jesús nos está diciendo ahora: Arrepiéntanse o sufran las consecuencias.  El dijo a una de estas iglesias: “...vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” (Ap. 2:5).  Esto significa en palabras claras que El quitaría Su mano de esta iglesia local y no sería capaz de funcionar bajo Su poder y dirección.  El dijo: “...arrepiéntete; pues si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de Mi boca” (Ap. 2:16).  Lo que esto indica sencillamente es que Jesús limpiará, echará y cortará la basura de Su iglesia.  El está viniendo por una iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga.  ¡Gloria a Dios!

El dijo: “Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación.  He aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella.  Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras” (Ap. 2:21-23).  Noten aquí que aunque Jesús advirtió de las consecuencias de estos pecados, aun así El dio lugar para el arrepentimiento.

En otro caso El dijo: “Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete.  Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti” (Ap. 3:3).  Jesús estaba diciendo despiértate para que no seas sorprendido fuera de guardia en la hora final.

Jesús le dijo a otra de estas iglesias: “Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Ap. 3:16).  ¡Esto debería desembriagarnos hermanos y hermanas!  Escuche esto:  “No todo el que me dice:  Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.  Muchos me dirán en aquel día:  Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?  Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”  (Mt. 7:21-23).  Si estas palabras de Jesús nos molestan, entonces es una señal segura de que necesitamos arrepentirnos, ser liberados y entrar en el gozo de nuestra salvación.

En Apocalipsis 3:19, Jesús enfatiza que El nos ama y debido a Su amor El nos disciplina, reprueba, corrige y nos llama al arrepentimiento.  Yo aprecio este pasaje de la escritura porque confirma el corazón amoroso de Dios hacia nosotros y muestra Su deseo por nuestro bienestar: “Aquellos a quien cariñosa y tiernamente Yo amo; les digo sus errores y condeno y convenzo y repruebo y castigo - eso es - Les disciplino e instruyo.  Así que sean entusiastas y en serio ardan con celo y arrepentimiento - cambiando su mente y actitud” (Ap. 3:19 Ver. Amp.).

Una vez más veamos a las recompensas que Dios tiene para aquellos de nosotros que nos arrepentimos.  Creo que esto nos animará más que nunca para arrepentirnos tan pronto como sea posible. ¡Amén!  Estas recompensas también son encontradas en Apocalipsis, capítulos 2 y 3.  Ellas son:  Comer del árbol de la vida en el paraíso; recibir la corona de la vida; escapar del daño y peligro de la muerte segunda; recibir el maná escondido y una piedrecita blanca con un nombre nuevo; recibir la recompensa justa por nuestros hechos y fidelidad; recibir autoridad para gobernar sobre las naciones; ser guardado de la hora de prueba, tentación y tribulación que viene sobre la tierra; ser hechos pilares en el templo de Dios; tener Su nombre y el nombre de la nueva ciudad escrito sobre nosotros; y sentarnos junto con Jesús en Su trono.  ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!  ¡Gracias Señor por Tus recompensas!  ¡Queremos arrepentirnos!

Si eso no es suficiente, escuchen lo que la Palabra dice en Apocalipsis capitulo 3 a aquellos que respondan al llamado de Jesús a la puerta.  ¡Esta es la puerta hacia la libertad!  ¡Esta es la puerta del arrepentimiento!  “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye y escucha y presta atención a mi voz y abre la puerta, vendré a él y comeré con él, y él comerá conmigo” (Ap. 3:20 Ver. Amp.).

¿Podemos ver que el arrepentimiento abre la puerta, la puerta hacia la libertad, y la puerta a la comunión con el Señor Jesús mismo?  ¡Qué gloriosa recompensa es!  

¡Jesús nos ama! Por eso El nos llama a que nos arrepintamos.  ¡Amén!  A través del arrepentimiento, Jesús obra poderosamente en nuestra vida; salvándonos, sanándonos, liberándonos, restaurándonos y proveyendo para cada una de nuestras necesidades.  Todos nosotros tenemos memorias escasas referente a la misericordia de Dios en nuestra vida.  El nos ayuda y rescata constantemente, pero cuando El nos declara culpables  de pecado y nos llama a arrepentirnos, olvidamos que es el mismo Señor.  Démonos cuenta que el Señor se contrista cuando recibimos lo que queremos y rechazamos lo que necesitamos.  Jesús advierte de Su juicio final si solamente tomamos lo que queremos y despreciamos las cosas que necesitamos de El.  “Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido, diciendo:  ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida!  Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza.  Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras” (Mt. 11:20-22).  Dios es el Dios de milagros, señales y prodigios y El realiza estos actos sobrenaturales para demostrar Su poder y amor al pueblo necesitado y para guiarles hacia El mismo.  Aunque Su Palabra es confirmada por señales y prodigios, El no quiere que nosotros vayamos únicamente buscando las señales.  El desea que le prestemos atención al mensaje del evangelio y a Su llamado al arrepentimiento.

Jesús predicó el arrepentimiento en todas partes y también anduvo enseñando y sanando a todos aquellos que venían a El.  Generalmente somos bien prontos para correr al Señor por sanidad, pero no muy rápidos en correr hacia El en arrepentimiento.

Jesús fue retado por algunos para probar quien era El haciendo señales.  “Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo:  Maestro, deseamos ver de ti señal.  El respondió y les dijo:  La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás.  Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.  Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar”  (Mt. 12:38-41).  Tenemos un Dios grande, un Dios que nos ama más que cualquiera.   El es una ayuda siempre presente en el tiempo de necesidad.  El está presente cuando necesitamos arrepentirnos y El mismo nos guía bondadosa y compasivamente al arrepentimiento.  ¡Aleluya!

Recibir de los dones sobrenaturales de Dios es maravilloso, pero también tenemos que permitirle a Dios que produzca fruto en nuestra vida.  Jesús desea que llevemos fruto y que permanezca.  Parte de ese fruto es el fruto del arrepentimiento.  Recuerde que Mateo 3:8 dice que debemos producir frutos dignos de arrepentimiento.  Jesús dijo en Juan capítulo 15:  “Permaneced en Mí, y yo en vosotros.  Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en Mí.  Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y Yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de Mí nada podéis hacer.  En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (Jn 15:4,5,8).

             “Permanecer” significa someterse a, llevar a cabo y vivir según una promesa.  ¿Estamos sometidos a Jesús, llevando a cabo y viviendo según nuestras promesas a El?  ¿Le amamos lo suficiente a El para obedecerle?  El Señor dice que debemos amarle con toda nuestra mente, alma, corazón y fuerza.  Mis amados, el arrepentimiento es un cambio de nuestra mente y actitudes, y necesita que ejercitemos de toda la fuerza que nos ha dado Dios para apartarnos y hacer un cambio radical del pecado en nuestra vida.  Debemos rendir nuestro corazón al clamor del corazón de Dios para arrepentimiento.  Dios sabe que luchamos para arrepentirnos, así que El nos ayuda por Su gracia y Su poder sobrenatural para hacerlo.  El observa de cerca como reaccionamos ante cada situación en nuestra vida.  Jesús dijo: “Pero ¿qué os parece?  Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo:  Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña.  Respondiendo él, dijo:  No quiero; pero después, arrepentido, fue.  Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo:  Sí, señor, voy. Y no fue.  ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?  Dijeron ellos: El primero” (Mt. 21:28-31).  Como ven, el verdadero arrepentimiento no es solamente servicio de labios sino una decisión del corazón.  Recuerden, Jesús es Señor de aquellos que hacen la voluntad del Padre en el cielo.

El arrepentimiento es una decisión y un paso de fe.  No es algo que podemos hacer en la carne, sino que es una acción sobrenatural de nuestra parte.  Dios no puede arrepentirse por nosotros.  Nosotros no podemos arrepentirnos los unos por los otros.  Solamente podemos arrepentirnos por nosotros mismos.  Es un acto de nuestra voluntad ejercitado hacia la voluntad de Dios.

Permítanme concluir diciendo que si queremos ser más y más libres, entonces tenemos que estar dispuestos a arrepentirnos más y más.  Es un proceso de aprendizaje, mis amigos, y precisa que aprendamos que Dios no quiere que pongamos excusas por nuestros pecados; sino quiere que nos arrepintamos de nuestros pecados para que podamos ser libres y experimentar una vida victoriosa mientras estamos sobre la tierra.

El arrepentimiento es una de las claves para el mover de Dios de los últimos tiempos.  ¿Seremos nosotros una parte de ese mover?  Si deseamos ser una parte, entonces arrepintámonos con celo y entusiasmo y seamos libres para servirle en estos últimos días.  ¡La gloria sea para Jesús!

            Con urgencia,  

            Buddy Axley
            Septiembre, 1997

 
  www.axley.org