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ARREPENTIMIENTO:
LA
PUERTA HACIA LA LIBERTAD
Por:
Buddy
Axley
Prefacio
Durante
muchos años he tenido un gran deseo de expresar que lo que siento es un
punto vital para la gente de la tierra en la actualidad, ya sea que estén
perdidos o sean salvos. Creo
que debido a los continuos tratos del Espíritu Santo en mi propia vida
estos escritos han sido retrasados hasta ahora.
Dios desea hacer una obra en nosotros de manera que El pueda
hacer una obra a través de nosotros.
¡Aleluya! Una de
estas obras es el arrepentimiento.
El
arrepentimiento debería de ser un estilo de vida y no solamente una
experiencia. Es por supuesto una experiencia y una necesaria si hemos de
llegar a conocer a Jesucristo y Su voluntad para nosotros. Pero para vivir una vida de libertad y desenvoltura en una
base continua, debemos estar siempre
listos y prontos para arrepentirnos.
Desafortunadamente, hay muchos mal entendidos y recelos acerca
del arrepentimiento. Ya que
es una doctrina básica fundamental del evangelio de Jesucristo, no
debemos permitirle a la ignorancia o indiferencia que limite nuestra
experiencia de vida con Dios. Jesús
dijo: ”Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Jn.
8:32). ¿Queremos usted
y yo ser libres? Para ser
libres debemos conocer la verdad y parte de esa verdad es la verdad del
arrepentimiento. Yo creo que el arrepentimiento es la puerta hacia la
libertad. Creo que veremos
juntos por qué esto es verdadero.
¡Siga leyendo!
Introduccion
Si
el arrepentimiento es la puerta hacia la libertad o la entrada hacia la
libertad, entonces ¿qué significa arrepentimiento y cómo podemos
comprender su función?
El arrepentimiento es una función divina que causa un cambio
divino, no obstante, siempre requiere de acción de nuestra parte.
El arrepentimiento es un paso de fe que nos guía a la
reconciliación con Dios. El
arrepentimiento es un cambio de idea y actitud, una forma de pensar
diferente. Es cambiar nuestra mente por lo mejor y pensar en la forma
que Dios piensa. Podemos
hacer esto porque tenemos la mente de Cristo (Vea
1 Co. 2:16). Si
pensamos pensamientos santos y como Cristo, ello afectará nuestro ser
total. “Porque cual es su
pensamiento en su corazón, tal es él” (Pr.
23:7). Arrepentimiento
es odiar nuestro pecado pasado y presente, y que le volvamos la espalda
a lo que desagrada al Señor. ¡Esto
es arrepentimiento!
Veamos
al principio de las doctrinas de Cristo como se encuentra en Hebreos
6:1-6. Hallamos enumerados
aquí: El arrepentimiento de obras muertas, la fe hacia Dios, la
doctrina de los bautismos, la imposición de manos, la resurrección de
los muertos y el juicio eterno. ¿Creemos
que la fe hacia Dios es necesaria?
La Palabra de Dios nos dice en Hebreos 11:6 que sin fe es
imposible agradar a Dios. ¿Creemos
que es importante el experimentar el bautismo en agua y el bautismo del
Espíritu Santo y fuego? Jesús
nos dice claramente que necesitamos ambos para vivir una vida victoriosa
como Sus testigos. ¿Creemos
en el beneficio de imponer manos sobre los enfermos para que se sanen e
imponer manos sobre los hermanos y hermanas para impartir dones
espirituales y confirmar llamamientos?
La Biblia nos exhorta a que lo hagamos.
¿Creemos que resucitaremos de los muertos si morimos antes de la
venida del Señor? Está,
por supuesto, es una de las preciosas promesas de vida eterna de Dios.
¿Creemos que hay un juicio eterno?
Dios dice que está estipulado para todos los hombres que mueran
y después de esto el juicio. Como
ven, Pablo no estaba minimizando la importancia de estos principios. El nos estaba exhortando a edificar, madurar y crecer sobre
estos principios, no hacerlos a un lado.
De hecho, él nos advierte acerca de apostatar de la luz, el don
celestial, el Espíritu Santo, la Palabra de Dios y Su poder
sobrenatural o crucificar de nuevo al Hijo de Dios y exponerle a
vituperio. Esta dureza e
insensibilidad podría ocasionarnos el ser incapaces de renovarnos a
nosotros mismos para arrepentimiento y podríamos ser incapaces de
entrar en la libertad del Señor.
El arrepentimiento de obras muertas, obras de la carne que no
producen sino mayor frustración y esclavitud, está enumerado como la
primer cosa que debemos hacer acá en esta escritura.
¡Dios nos quiere libres y llenos en Espíritu!
¡Amén! ¡Donde está
el Espíritu de Dios hay libertad!
La Iglesia Debe Arrepentirse Para Que el Mundo se Arrepienta
Siento una carga de que nosotros como la iglesia, también hemos
tenido algunos conceptos erróneos reales acerca del arrepentimiento.
Aunque somos receptores y beneficiarios del perdón de Dios,
cuando no andamos en los principios del arrepentimiento en una base
continua volvemos de nuevo a la esclavitud y a la consecuencia del
pecado que cometemos. Pablo
nos dice a través del mensaje a la iglesia en Galacia: “Estad, pues,
firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra
vez sujetos al yugo de esclavitud” (Gá.
5:1).
El Espíritu Santo, que habita dentro de cada creyente ha llegado
a la intimidad con nosotros y a revelarnos la voluntad de Dios.
Vea en Juan capítulo 16 lo que Jesús dice:
“Porque si no me fuera, el Consolador (Consejero, Ayudador,
Defensor, Intercesor, Fortalecedor, Apoyo) no vendrá a ustedes - en
comunión íntima con ustedes. Y
cuando El venga, hará admitir y convencerá al mundo y le traerá
demostración acerca del pecado y acerca de la justicia - rectitud de
corazón y permanencia con Dios - y acerca de juicio” (Jn.
16:7-8 Ver. Amp.) ¿Cuál
es nuestra responsabilidad cuando el Espíritu Santo nos convence de
pecado?
Primero, debemos reconocer como creyentes, que puede haber pecado
en nuestra vida. Vea I Juan
1. “Si decimos que no tenemos pecado - rehusando admitir que
somos pecadores - nos engañamos y descarriamos, y la verdad (que el
Evangelio presenta) no está en nosotros - no habita en nuestro corazón”
(I Jn. 1:8 Ver. Amp.)
Segundo, debemos tomar acción arrepintiéndonos y confesando
nuestro pecado. “Si
libremente admitimos que hemos pecado y confesamos nuestros pecados, El
es fiel y justo (verdadero a Su propia naturaleza y promesas) y perdonará
nuestros pecados (absolverá nuestro desorden) y continuamente nos
limpiará de toda injusticia - todo lo que no esté conforme a Su
voluntad en propósito, pensamiento y acción” (I Jn. 1:9 Ver. Amp.)
Tome nota que en I Jn.
1:10 continúa repitiendo la advertencia de que no deberíamos
ignorar el pecado en nuestra vida.
“Si decimos (declaramos) que no hemos pecado, contradecimos Su
palabra y le hacemos a El ser falso y mentiroso y Su palabra no está en
nosotros - el mensaje divino del Evangelio no está en nuestro corazón.”
¡La hipocresía hace que la gente tropiece!
Cuando nosotros, la iglesia, predicamos el Evangelio con nuestra
boca pero vivimos de otra manera en nuestra vida diaria, somos hipócritas. La mayoría de la gente del mundo, muy dentro de si, quieren
ser libres de la esclavitud del pecado.
Como la iglesia, hemos sido librados de la esclavitud del pecado
por la preciosa sangre de Jesús. Esta
es una verdad y ley absoluta del Evangelio, pero no se realiza automáticamente.
Requiere la acción del arrepentimiento de nuestra parte.
¡El arrepentimiento es la puerta hacia la libertad!
¡Es el camino hacia la libertad!
Podemos engañarnos a nosotros mismos por no tomar la acción
necesaria. “Pero sed
hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a
vosotros mismos” (Stg. 1:22). Santiago
también nos dice: “Pero el que mira cuidadosamente en la perfecta
ley, la (ley) de la libertad, y es fiel a ella y persevera estudiándola,
no siendo un oidor descuidado que olvida, sino un hacedor activo (que
obedece), él será bendecido en su hacer - en su vida de obediencia”
(Stg. 1:25 Ver. Amp.).
¿Puede usted ver la confusión ocasionada por un estilo de vida
contradictorio que llama a otros al arrepentimiento pero que rehusa
arrepentirse a si mismo? “Si
decimos que somos participantes y disfrutamos de comunión con El cuando
vivimos, nos movemos y estamos caminando en tinieblas, estamos (ambos)
hablando falsamente y no vivimos y practicamos la verdad (del
Evangelio).” (I Jn. 1:6 Ver.
Amp.). Noten las
palabras usadas aquí: “vivimos, nos movemos y estamos caminando en
tinieblas.” Vea en contraste lo que el verso siguiente dice acerca de
otra forma de vivir y caminar. “Pero
si (verdaderamente) estamos viviendo y caminado en la Luz como El (El
mismo) está en la luz, tenemos (verdadera, inquebrantable) comunión
unos con otros y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia (quita) de
todo nuestro pecado y falta - nos mantiene limpios de pecado en todas
sus formas y manifestaciones” (vs.
7).
Veamos en Romanos capítulo 8, referente al andar y vivir en
libertad. “Ahora, pues,
ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que
no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha
librado de la ley del pecado y de la muerte” ( Ro.
8:1-2).
La verdad es que cuando nosotros no andamos, hablamos, pensamos,
actuamos y no somos guiados por el Espíritu Santo, pecamos en contra
del Señor y en contra de aquellos que están alrededor de nosotros.
Si no tratamos con el pecado en una forma espiritual caemos bajo
la condenación de satanás. Gracias
a Dios por el arrepentimiento, la confesión y el perdón que nos libra
de esa condenación. ¡Aleluya!
Permítame compartir con usted una ilustración que el Señor me
dio hace varios años y me ha ayudado grandemente en mi andar con Dios.
Esto es lo que yo vi en el espíritu:
(La obra del Espíritu Santo)
CONVICCION-ARREPENTIMIENTO-CONFESION-PERDON-LIBERTAD-COMUNION
↑
PECADO
↓
NO ARREPENTIMIENTO-CONDENACION –CULPA-ESCLAVITUD-SEPARACION
(La obra de satanás)
Note que un paso lleva al otro en ambos casos.
En cualquier punto de nuestra vida cuando respondemos a Dios con
un corazón arrepentido, la obra del Espíritu Santo comienza y esta
obra nos guía a través de la puerta de la restauración como se ve en
la ilustración anterior. Si
no elegimos responderle al Espíritu Santo, automáticamente le abrimos
la puerta a satanás, que nos lleva hacia abajo a la esclavitud,
aislamiento y separación de nuestra única fuente de libertad,
Jesucristo.
Recuerde, yo dije anteriormente que el arrepentimiento es un
cambio de mente y actitud que consiste en pensar a la manera de Dios
acerca de nuestra situación. Nuevamente
vemos Romanos 8:6: “Porque
el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es
vida y paz.” Note también
como la ley del Espíritu de Vida en Cristo Jesús afecta nuestros
cuerpos carnales y los lleva bajo sujeción a Dios.
“Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús
mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús
vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora
en vosotros” (Ro. 8:11).
El arrepentimiento comienza una reacción sobrenatural en cadena
que nos da todos los beneficios maravillosos de la vida y libertad en
Jesucristo. ¡Aleluya!
El pensamiento aquí es que a menos que nosotros, el pueblo de
Dios, nos arrepintamos y sometamos al Espíritu Santo, no podremos
testificar al mundo alrededor nuestro de la libertad encontrada en
Cristo. La Biblia dice:
“Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor,
allí hay libertad” (2 Co. 3:17).
También deberíamos ver que donde el Espíritu del Señor es
apagado y resistido no hay libertad.
Jesús trató con severidad a los religiosos de Su tiempo, ante
todo por la hipocresía en sus vidas.
Recuerden, la hipocresía es decir una cosa pero hacer otra.
Los hipócritas insisten sobre cierto modelo para que otros vivan
pero ellos mismos no viven bajo él.
Hablando de hipocresía, Jesús dijo: “En la cátedra de Moisés
se sientan los escribas y los fariseos.
Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y
hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no
hacen” (Mt. 23:2-3).
Jesús repetidas veces se dirige a esta misma gente como hipócritas
más adelante en este mismo capítulo.
Nosotros, como cristianos, somos llamados por Dios para
testificar a otros en el Nombre de Jesucristo.
¿Cómo hacemos eso efectivamente?
Muchos de nosotros tenemos nuestras formas de testificar, pero a
no ser que nuestro testimonio incluya un estilo de vida de acuerdo a lo
que decimos, compartimos o predicamos, seremos hipócritas.
Desafortunadamente, el mundo a nuestro alrededor rápidamente
mira la hipocresía en nuestra vida y puede ser alejado de nuestro Señor
y Salvador.
Iglesia,
andemos y vivamos en arrepentimiento de manera que aquellos que están a
nuestro alrededor respondan al Evangelio, a la convicción del Espíritu
Santo, se arrepientan y pasen a través de la puerta de la libertad.
¡Amén!
El Mensaje del Evangelio es un Mensaje de Arrepentimiento
Juan
el Bautista, quien fue el último profeta del Antiguo Testamento, el
anunciador y proclamador de Jesús el Mesías, predicó y declaró un único
mensaje. Fue el mensaje del
arrepentimiento. Juan también
bautizó a aquellos que creyeron y prestaron atención a ese mensaje en
el bautismo de arrepentimiento. En
Mateo 3:8, le advierte a unos
hipócritas que el arrepentimiento debe ser hecho evidente con el fruto
del arrepentimiento. Como
todos sabemos el sentir por nuestros pecados, errores y hechos
equivocados no nos ayuda a ser liberados de ellos. Esa es la razón por la que el verdadero arrepentimiento, el
arrepentimiento del Evangelio verdadero, tiene que ser acompañado por
sus frutos. Jesús dijo que
conoceremos un árbol por su fruto.
“Por sus frutos les conoceréis…Así, todo buen árbol da
buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.
No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar
frutos buenos” (Mt. 7:16-18). Jesús y
Juan ambos predicaron proféticamente el Evangelio del Nuevo Pacto que
todavía no estaba en efecto.
Cuando
Jesús salió de la experiencia de 40 días en el desierto, Su primer
mensaje fue el del arrepentimiento.
“Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir:
Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”
(Mt. 4:17).
“Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea
predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo:
El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado;
arrepentíos, y creed en el evangelio” (Mr. 1:14-15). Jesús
estaba predicando el mensaje del evangelio del arrepentimiento.
Jesús
es la única puerta por la que podemos entrar en la vida, libertad y la
búsqueda de la felicidad. Jesús
dijo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará,
y saldrá y hallará pastos. El
ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para
que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Jn.
10:9-10). ¡Aleluya!
Jesús dijo: “Yo
soy el Camino, y la Verdad y la Vida; nadie viene al Padre, sino por Mí”
(Jn. 14:6). Una vez más
permítame decir que Jesús es nuestra única esperanza y para recibir
innumerables beneficios divinos, debemos prestar atención al mensaje
del evangelio, el mensaje del arrepentimiento, y entrar por esa puerta
que Jesús mismo ha provisto.
Durante
el ministerio terrenal de Jesús, mientras entrenaba a Sus discípulos
para la obra del Evangelio, El les dio instrucciones acerca de qué
predicar y como ministrar. El
les dio el ejemplo. Vemos
lo que se dice acerca del ministerio de ellos en Marcos capítulo 6:
“Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y
les dio autoridad sobre los espíritus inmundos. Y saliendo predicaban
que los hombres se arrepintiesen. Y echaban fuera muchos demonios, y ungían
con aceite a muchos enfermos, y los sanaban” (Mr. 6:7,12,13).
Una
de las últimas cosas que Jesús le dijo a Sus discípulos acerca de su
responsabilidad para llevar a cabo la gran comisión se encuentra en Lucas 24:46-47: “Y les dijo:
Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese,
y resucitase de los muertos al tercer día, y que se predicase en su
nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones
comenzando desde Jerusalén.” Recuerde
que esto ocurrió después de la muerte, entierro y resurrección de Jesús,
haciendo también del arrepentimiento una parte del Nuevo Pacto que fue
establecido. Aunque Jesús
ministró en el pacto antiguo, El también introdujo y anunció el Nuevo
Pacto.
Vemos
en Hechos capítulo 2, en el día de Pentecostés, que el Espíritu
Santo cayó y llenó a todos los que estaban reunidos en el aposento
alto. Pedro después trajo el mensaje del arrepentimiento, que llevó
al inicio de muchas conversiones a Cristo y al comenzar de la iglesia
del Nuevo Testamento como la conocemos hoy en día. Pedro habló ese día
con una nueva y fresca autoridad de lo alto y concluyó su mensaje con
esta fuerte exhortación. “Pedro
les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre
de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu
Santo” (Hch. 2:38).
Observe que el arrepentimiento fue el primer paso que Pedro les
dijo realizaran para ser liberados del pecado.
Le habían hecho a Pedro una pregunta muy profunda. “Varones
hermanos, ¿qué haremos?” (Hch. 2:37). El
arrepentimiento es la puerta para la remisión de pecados y el don del
Espíritu Santo. ¡Gloria a
Dios! ¡Esta es la
libertad!
En
Hechos capítulo 3, Pedro una vez más confrontó al pueblo con el
Evangelio. El les animó a
arrepentirse para recibir los beneficios que proseguían.
“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados
vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de
refrigerio, y El envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado” (Hch.
3:19-20).
En
Hechos capítulo 17, Pablo se estaba dirigiendo al pueblo de Atenas,
Grecia y les estaba explicando el Evangelio de Jesucristo.
El reconoció la ignorancia de ellos, y que tenían muchos
dioses, sin embargo les retó a que se arrepintieran.
Les dijo: “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de
esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se
arrepientan” (Hch. 17:30). Como
ve, si vamos a predicar el Evangelio de Jesucristo, vamos a tener que
predicar el mensaje del arrepentimiento a todos los hombres por todos
lados.
Cuando
Pablo se reunió con los ancianos de la iglesia en Efeso, les recordó
que él le había testificado a los judíos y gentiles respecto al
arrepentimiento para con Dios y de la fe en nuestro Señor Jesucristo (vea
Hch. 20:20-21). En
Hechos capítulo 26, Pablo también habló valientemente al Rey Agripa
acerca de la obediencia de él (Pablo) a la visión celestial.
Podemos leer el informe en Hechos, capítulo 9, cuando Pablo fue
encontrado en el camino a Damasco por Jesús.
El tuvo una visión celestial que cegó su vista natural, lo lanzó
al suelo y le llevó al arrepentimiento para que pudiera ser un vaso útil
para el Señor. Más tarde,
sabemos que Ananías fue enviado para ministrar a Pablo (entonces
llamado Saulo) para confirmar el propósito de este encuentro divino que
él tuvo con el Señor Jesús. Ananías
proféticamente le dijo a Pablo que él tenía que llevar el nombre de
Jesús a los gentiles, reyes y al pueblo de Israel.
¿Cómo llevó a cabo esto Pablo?
Una vez más vea lo que él le dijo al Rey Agripa:
“Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión
celestial, sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y
Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se
arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de
arrepentimiento” (Hch. 26:19-20).
Jesús
nos recuerda en sus advertencias a las iglesias de Asia, que El toma en
cuenta la obediencia y la desobediencia al Evangelio.
Cuando Le obedecemos a El Le agrada, pero cuando Le desobedecemos
Le desagrada. Podemos ver
en los capítulos 2 y 3 de Apocalipsis que una ruta de escape de la
rebeldía, indiferencia, apatía, orgullo y tibieza es el
arrepentimiento. Hablaremos acerca de estos mensajes a la iglesia más
adelante.
¿Es la Voluntad de Dios que Todos se Arrepientan?
Una
respuesta a esa pregunta se encuentra en II
Pedro 3:9: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la
tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no
queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al
arrepentimiento.”
Hemos
estado considerando la verdad del mensaje del Evangelio de
arrepentimiento y de su necesidad para poder experimentar la libertad.
Cuando Dios expresa Su voluntad y propósito para nosotros es
porque El sabe que es lo mejor para nosotros.
El es un Padre amoroso, lleno de misericordia, compasión y
paciencia. El no quiere
vernos perecer, estar en esclavitud, y sufrir por injusticia.
El no nos fulmina o trae rápidamente su juicio sobre nosotros,
sino que es lento para la ira y pronto para restaurarnos cuando nos
arrepentimos.
Veamos
más de cerca al corazón misericordioso de Dios como se expresa en
Hebreos capítulo 4: “Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más
cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y
el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los
pensamientos y las intenciones del corazón.
Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes
bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a
quien tenemos que dar cuenta” (He. 4:12-13). Estos
versos nos permiten conocer que si Jesús es nuestro Señor, entonces
El, la Palabra Viva, penetrará nuestro ser interior y nos llamará a
cuentas. Todo en nuestra
vida, todas las acciones, actitudes y pensamientos están expuestos por
Su Palabra y por Su Espíritu. Esto
aplica incluso a las cosas que creemos son secretas y escondidas.
El conoce y busca profundo dentro de nosotros porque quiere
ayudarnos con nuestra debilidad y liberarnos de nuestra esclavitud.
¡Aleluya!
“Por
tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús
el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión.
Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de
nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra
semejanza, pero sin pecado” (He.
4:14-15). Hay algo muy importante para que veamos acá.
La tentación no es pecado.
Es, no obstante, una oportunidad o una puerta abierta para entrar
al pecado. Recuerde, Jesús
fue grandemente tentado en varias ocasiones; una vez en el desierto por
satanás mismo y después en el Huerto de Getsemaní cuando El enfrentó
la crucifixión y la muerte en la cruz. Sabemos que El no se rindió a estas tentaciones, sino que
resistió al diablo en el desierto y en el huerto. El renunció rápidamente al pensamiento que entró en Su
mente de que podría haber otra manera de consumar el Nuevo Pacto.
El dijo: “No mi voluntad, sino la tuya Padre” (vea
Marcos 14:36). ¡Jesús
nunca pecó! Gracias a Dios. El
es nuestro substituto y sacrificio perfecto por el pecado porque aunque
El fue tentado en toda forma como lo somos nosotros, ¡El nunca
pecó!
El
también es nuestro gran Sumo Sacerdote que media por nosotros a la
diestra del Padre a través de Su sangre. Hebreos 4:15 dice que El comprende nuestra debilidad y se
compadece de nosotros y desea que recibamos ayuda de El cuando somos
tentados. “Acerquémonos,
pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y
hallar gracia para el oportuno socorro” (He.
4:16). Jesús está
llamando con los brazos abiertos para que vengamos a El a recibir ayuda.
Para recibir esta ayuda debemos arrepentirnos. Debemos apartarnos de la tentación, alejarnos de la puerta
del pecado y volvernos a Jesús con un corazón arrepentido, para
recibir gracia, poder y misericordia y para entrar en la libertad que
nos espera. ¡Gloria,
aleluya!
Hay
un decir mundano que la gente usa tratando de evitar encarar la
realidad. Ellos dicen: “¿Qué nació primero, la gallina o el huevo?”
Si pensamos por un momento, vemos que la respuesta es sencilla.
Dios creó a la gallina y la gallina puso el huevo.
Lo mismo se aplica al principio espiritual del arrepentimiento.
Primero, debemos arrepentirnos, después el Señor perdona, lava,
sana, libera y nos restaura. La salvación del Señor Jesucristo es muy extensa y
realmente contiene la respuesta a cualquier necesidad que podamos tener.
¡El arrepentimiento es la puerta hacia la libertad!
La voluntad de Dios es que nos arrepintamos para que podamos ser
libres. ¡Amén!
Dios
desea que todos nos arrepintamos porque El no hace acepción de
personas. El quiere salvar,
sanar, liberar y rescatarnos a todos.
“Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro
Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al
conocimiento de la verdad” (1
Ti. 2:3-4). Recuerde, ¡la
verdad nos libera!
Pedro
se asombró por la misericordia de Dios para los gentiles en la casa de
Cornelio (vea Hechos capítulo 11).
Pedro le dio el siguiente informe a un grupo de cristianos judíos:
“Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que
hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese
estorbar a Dios? Entonces,
oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De
manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para
vida!” (Hch. 11:17-18).
Jesús
dijo: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.
Id, pues, y aprended lo que significa:
Misericordia quiero, y no sacrificio.
Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al
arrepentimiento” (Mt. 9:12-13).
Dios quiere ayudarle a todos, así que El llama a todos los
pecadores a arrepentirse. Es
importante que veamos el corazón de Dios en el tema del
arrepentimiento. Muchos erróneamente
piensan que es un Dios duro y malo que demanda arrepentimiento como el
primer paso del proceso de salvación, pero es de hecho un Dios
bondadoso y misericordioso el que demanda que nos arrepintamos.
Pablo
escribió una carta a la iglesia romana que confirma la verdadera
naturaleza de Dios. En
Romanos capítulo 2, Pablo advierte en contra de aquellos que endurecen
su corazón y continúan viviendo en pecado.
Este tipo de persona eventualmente soportará el juicio de Dios.
“Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican
tales cosas es según verdad. ¿Y
piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo
mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?
¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y
longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?
Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras
para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo
juicio de Dios” (Ro. 2:2-5).
Hay
tiempos cuando nosotros, aun como hijos de Dios, caemos en pecado y
dejamos de obedecer el Evangelio. El
mensaje aquí es que no endurezcamos nuestro corazón, porque un Dios
amable, misericordioso y bueno desea guiarnos al arrepentimiento.
Sí, mis amigos, el arrepentimiento es un acto de fe y obediencia
de nuestra parte; pero la hermosa verdad es que Dios, a través de Su
Espíritu Santo amablemente nos guía al arrepentimiento.
Este arrepentimiento cierra la puerta a las tácticas de satanás
y le abre la puerta a la libertad del Señor.
Recuerde que la voluntad de Dios es que nos arrepintamos y no
perezcamos.
Muchas
veces hemos visto que aquellos que tienen actitudes juiciosas, crítica
injusta y calumnia estorban a aquellos que desean ser restaurados en el
Señor. Estas actitudes y
acciones son contrarias al corazón de Dios.
Jesús dijo a Sus discípulos: “Mirad por vosotros mismos.
Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se
arrepintiere, perdónale. Y
si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere
a ti, diciendo: Me arrepiento, perdónale” (Lc.
17:3-4).
Debemos
hacernos una pregunta a nosotros mismos.
¿Por qué no querríamos perdonar y ayudar a restaurar a alguien
que se ha arrepentido? Si
creemos que es la voluntad de Dios que todos se arrepientan y que
ninguno perezca, ¿por qué no reaccionamos para con otros de acuerdo a
la voluntad de Dios? Jesús
dijo: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
misericordia” (Mt. 5:7).
Hemos
visto a aquellos que hipócrita y públicamente han ridiculizado a otros
por sus pecados, ser públicamente descubiertos más tarde por el mismo
pecado. Encontramos el
juicio y la justicia recta de Dios en Romanos capítulo 2: “Por lo
cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas;
pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que
juzgas haces lo mismo” (Ro. 2:1).
Veamos
otra exhortación que claramente muestra el corazón misericordioso de
Dios y Su voluntad para vernos venir al arrepentimiento.
En este pasaje Pablo está hablando a su colaborador Timoteo
acerca de las responsabilidades de un siervo de Dios.
“Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino
amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre
corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se
arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en
que están cautivos a voluntad de él” (2
Ti. 2:24-26).
Dios
nos está diciendo que deberíamos hacer todo el esfuerzo por ayudar a
otra gente a librarse de la trampa del diablo.
¿Cómo? ¿Mostrándole lo errado de sus caminos? ¡Sí!
Pero noten la actitud que debemos tener mientras hacemos esto.
Debe de ser una actitud de paciencia, mansedumbre y amabilidad lo
que nos permitirá enseñar e instruir a aquellos que están
confundidos, frustrados, desanimados, atrapados y derrotados.
Nuestra meta debería ser ver la verdad abrirse paso de tal
manera que el arrepentimiento pueda venir.
íAleluya! La
voluntad de Dios es que todos seamos rescatados de la cautividad del
pecado y que todos seamos libres. ¡Gloria
a Dios!
En
Lucas capítulo 15, Jesús da dos parábolas mostrando la significancia
que Dios pone en el arrepentimiento y cuán importante es para todos los
del cielo. El Señor usó
el ejemplo de buscar una oveja perdida en el desierto, mientras deja las
noventa y nueve en lugar seguro. También
usó el ejemplo de la mujer que tenía diez piezas de plata.
Cuando ella perdió una, la buscó hasta que fue hallada.
De la misma manera vemos cuán gran regocijo hay en el cielo
cuando una persona se arrepiente. “Os
digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se
arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de
arrepentimiento... Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de
Dios por un pecador que se arrepiente” (Lc.
15:7,10).
Dios Recompensa
un Corazón
Arrepentido
Comencemos
con este pensamiento. El
pecado tiene sus consecuencias en tanto que el arrepentimiento tiene sus
recompensas. Pablo compartió
en su carta a la iglesia de Corinto otro aspecto importante del
arrepentimiento, que es la pena y el contristamiento santo.
Es muy importante comprender la diferencia entre el
contristamiento que tenemos como seres humanos cuando cometemos errores
que nos traen vergüenza o hieren nuestro orgullo, y el contristamiento
que viene porque nos damos cuenta que hemos afligido al Espíritu Santo.
Dios no es el autor de la aflicción, dolor, contristamiento
carnal y similares. Dios es
el autor del gozo, sanidad y felicidad.
Si somos sensibles al Señor, responderemos al contristamiento
del Espíritu Santo dentro de nosotros y nos arrepentiremos.
Pablo dijo: “Aun me gozo ahora, no porque fueron contristados,
sino porque fueron contristados para arrepentimiento (que les volvió a
Dios); porque sintieron una tristeza como Dios tuvo la intención que
sintieran... porque la tristeza santa y el dolor que Dios permite
dirigir, produce un arrepentimiento que guía y contribuye a la salvación
y liberación del mal, y nunca trae remordimiento o sentimiento...” (2 Co. 7:9-10 Ver. Amp.). ¡Aleluya!
Veamos
a las recompensas producidas por el arrepentimiento en este caso.
¡Fue la salvación y liberación del mal!
¡Fue Dios al rescate! ¡Fue
la ruta de escape de Dios de los peligros del pecado!
Hermanos y hermanas, si nos arrepentimos como un resultado del
contristamiento santo nunca lo sentiremos!
Pablo continuó explicándonos el resultado de la tristeza del
mundo: “Pero la tristeza del mundo (la tristeza que es característica
del mundo pagano) es mortal - reproduciéndose y terminando en muerte”
(2 Co. 7:10 Ver.
Amp.). Creo que
esto está estrechamente unido a la obra satánica de condenación. La
condenación produce culpa por una equivocación, error o pecado que
hemos cometido. ¿Cómo escapamos de ésta culpa y condenación?
Escapamos arrepintiéndonos.
¡Amén!
Permítame
compartir con usted la ilustración espiritual que compartí al
principio de este escrito. El
no arrepentimiento nos conduce a la culpa mundana y humana,
contristamiento y pena y luego más hundido en condenación, esclavitud
y finalmente en la separación de nuestra comunión con Dios y nuestros
hermanos. El arrepentimiento
nos conduce a la confesión, perdón, libertad y a la comunión con Dios
y aquellos a nuestro alrededor. ¡Qué
recompensas! ¡Libertad y
comunión! Queridos amigos,
necesitamos permitirle a esta tristeza divina que venga por medio de la
convicción del Espíritu Santo para guiarnos al arrepentimiento.
Una tristeza que viene como consecuencia de que fuimos
sorprendidos o expuestos no es nada más que lástima de sí mismo o
auto-compasión. Dios no quiere que sintamos conmiseración de nosotros
mismos. En lugar de eso
quiere bendecirnos y recompensarnos cuando le respondemos por medio del
arrepentimiento.
Jesús
dio un mensaje muy claro de arrepentimiento a las siete iglesias en
Asia, según Apocalipsis, capítulos 2 y 3.
Aquí podemos ver claramente el juicio justo de Dios. Esta advertencia de juicio siempre estuvo acompañada con las
promesas de recompensa si la iglesia se arrepentía. Muchos de nosotros no queremos reconocer la autoridad de
Jesucristo en Su iglesia. Somos,
como creyentes, Su iglesia; quienquiera que seamos y dondequiera que
estemos ubicados sobre la faz de la tierra, necesitamos darnos cuenta
que porque Jesús nos ama El nos llama al arrepentimiento.
El nos llama al arrepentimiento de manera que podamos cumplir
nuestros propósitos divinos para que El pueda premiar o recompensarnos
de acuerdo a lo que merecemos. Necesitamos
ver también que Dios no será burlado ni hará caso omiso de ninguna área
de nuestra vida. Cuando
tengamos temor santo, reverencia y respeto seremos prontos para
arrepentirnos. Si no
tememos a Dios, finalmente caeremos en Sus manos de juicio.
“Pues conocemos al que dijo:
Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor.
Y otra vez: El Señor
juzgará a su pueblo. ¡Horrenda
cosa es caer en manos del Dios vivo!” (He.
10:30-31).
Recordemos
que todas las iglesias locales que pertenecen a Jesús son responsables
ante El. El es la Cabeza de
la iglesia. Desafortunadamente
hay grupos locales que pertenecen a hombres que no quieren reconocer el
señorío de El. En medio
de tales grupos, el arrepentimiento no es predicado o practicado.
Jesús no premia y recompensa a personas como estas.
El únicamente recompensa a los que se arrepienten.
Necesitamos admitir esta verdad de una vez por todas.
Cuando
el Señor nos llama al arrepentimiento, no es necesariamente porque no
estemos haciendo nada para agradarlo.
Por el contrario, El nos llama al arrepentimiento para que
podamos ser libres y glorifiquemos Su nombre aún más y más en
nuestra vida.
También
recuerden, el Señor es un juez justo.
El tratará con nosotros en proporción directa a nuestro pecado,
ya sea pecado individual o colectivo.
Hallamos esto confirmado una y otra vez en la escritura en
Apocalipsis, capítulos 2 y 3. Cuando
el crédito se venció, Jesús fue pronto para reconocer las obras de
justicia y fe. Podemos revisar los hechos que agradaron al Señor.
Estos fueron numerosos, pero algunos de ellos eran: paciencia,
perseverancia, fidelidad, padecimiento de aflicción, persecución y
falsa acusación por Su nombre, resistencia a mensajeros y doctrinas
falsas, amor, fe y servicio practicados en forma amplia, el guardar Su
Palabra y la proclamación de Su Nombre.
En algunas de estas mismas iglesias, el Señor halló faltas que
El también confrontó rápidamente.
Enumeremos unas cuantas: Dejarlo
a El como el primer amor, temor y terror, adherirse a/o aceptar falsa
enseñanza o maestros, tolerancia de falsos profetas y espíritus
seductores, pereza, apatía
espiritual, no compleción de la obra del ministerio, orgullo, engaño
de sí mismo y tibieza. Hubo
una solución común que Jesús dio para todas
estas enfermedades: ¡Arrepentimiento!
He
aquí algunas de Sus exhortaciones específicas para arrepentirse: Arrepiéntase y vuelvan a Mí; sean leales y fieles aun hasta
la muerte; despiértense y recuerden lo que les fue enseñado; y
finalmente, arrepiéntanse sincera, entusiasta y celosamente.
Si
las advertencias del Señor al arrepentimiento no son tenidas en cuenta
las consecuencias les seguirán. Nunca
debemos ignorar la realidad del juicio de Dios, mis amigos.
Creo con todo mi corazón que el último curso de acción que
Dios quiere tomar es juzgarnos. Pero
El es el Dios Todopoderoso y se reserva ese derecho y privilegio.
¡Debemos comprender esta verdad!
Jesús dijo a estas iglesias: Arrepiéntanse, pues si no...
Jesús nos está diciendo ahora: Arrepiéntanse o sufran las
consecuencias. El dijo a
una de estas iglesias: “...vendré pronto a ti, y quitaré tu
candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” (Ap.
2:5). Esto significa en palabras claras que El quitaría Su mano de
esta iglesia local y no sería capaz de funcionar bajo Su poder y
dirección. El dijo:
“...arrepiéntete; pues si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra
ellos con la espada de Mi boca” (Ap.
2:16). Lo que esto indica sencillamente es que Jesús limpiará,
echará y cortará la basura de Su iglesia.
El está viniendo por una iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga.
¡Gloria a Dios!
El
dijo: “Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere
arrepentirse de su fornicación. He
aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella
adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella.
Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que
yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno
según vuestras obras” (Ap.
2:21-23). Noten aquí que aunque Jesús advirtió de las consecuencias
de estos pecados, aun así El dio lugar para el arrepentimiento.
En
otro caso El dijo: “Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído;
y guárdalo, y arrepiéntete. Pues
si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora
vendré sobre ti” (Ap. 3:3). Jesús estaba diciendo despiértate para que no seas
sorprendido fuera de guardia en la hora final.
Jesús
le dijo a otra de estas iglesias: “Pero por cuanto eres tibio, y no frío
ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Ap.
3:16). ¡Esto debería
desembriagarnos hermanos y hermanas!
Escuche esto: “No
todo el que me dice: Señor,
Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad
de mi Padre que está en los cielos.
Muchos me dirán en aquel día:
Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre
echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?
Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí,
hacedores de maldad” (Mt. 7:21-23).
Si estas palabras de Jesús nos molestan, entonces es una señal
segura de que necesitamos arrepentirnos, ser liberados y entrar en el
gozo de nuestra salvación.
En
Apocalipsis 3:19, Jesús enfatiza que El nos ama y debido a Su amor El
nos disciplina, reprueba, corrige y nos llama al arrepentimiento. Yo aprecio este pasaje de la escritura porque confirma el
corazón amoroso de Dios hacia nosotros y muestra Su deseo por nuestro
bienestar: “Aquellos a quien cariñosa y tiernamente Yo amo; les digo
sus errores y condeno y convenzo y repruebo y castigo - eso es - Les
disciplino e instruyo. Así
que sean entusiastas y en serio ardan con celo y arrepentimiento -
cambiando su mente y actitud” (Ap.
3:19 Ver. Amp.).
Una
vez más veamos a las recompensas que Dios tiene para aquellos de
nosotros que nos arrepentimos. Creo
que esto nos animará más que nunca para arrepentirnos tan pronto como
sea posible. ¡Amén! Estas
recompensas también son encontradas en Apocalipsis, capítulos 2 y 3.
Ellas son: Comer del
árbol de la vida en el paraíso; recibir la corona de la vida; escapar
del daño y peligro de la muerte segunda; recibir el maná escondido y
una piedrecita blanca con un nombre nuevo; recibir la recompensa justa
por nuestros hechos y fidelidad; recibir autoridad para gobernar sobre
las naciones; ser guardado de la hora de prueba, tentación y tribulación
que viene sobre la tierra; ser hechos pilares en el templo de Dios;
tener Su nombre y el nombre de la nueva ciudad escrito sobre nosotros; y
sentarnos junto con Jesús en Su trono.
¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡Gracias Señor por Tus recompensas!
¡Queremos arrepentirnos!
Si
eso no es suficiente, escuchen lo que la Palabra dice en Apocalipsis
capitulo 3 a aquellos que respondan al llamado de Jesús a la puerta.
¡Esta es la puerta hacia la libertad!
¡Esta es la puerta del arrepentimiento!
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye y
escucha y presta atención a mi voz y abre la puerta, vendré a él y
comeré con él, y él comerá conmigo” (Ap.
3:20 Ver. Amp.).
¿Podemos
ver que el arrepentimiento abre la puerta, la puerta hacia la libertad,
y la puerta a la comunión con el Señor Jesús mismo?
¡Qué gloriosa recompensa es!
¡Jesús
nos ama! Por eso El nos llama a que nos arrepintamos.
¡Amén! A través
del arrepentimiento, Jesús obra poderosamente en nuestra vida; salvándonos,
sanándonos, liberándonos, restaurándonos y proveyendo para cada una
de nuestras necesidades. Todos
nosotros tenemos memorias escasas referente a la misericordia de Dios en
nuestra vida. El nos ayuda
y rescata constantemente, pero cuando El nos declara culpables
de pecado y nos llama a arrepentirnos, olvidamos que es el mismo
Señor. Démonos cuenta que
el Señor se contrista cuando recibimos lo que queremos y rechazamos lo
que necesitamos. Jesús
advierte de Su juicio final si solamente tomamos lo que queremos y
despreciamos las cosas que necesitamos de El.
“Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales
había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido,
diciendo: ¡Ay de ti, Corazín!
¡Ay de ti, Betsaida! Porque
si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido
hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y
en ceniza. Por tanto os
digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para
Tiro y para Sidón, que para vosotras” (Mt.
11:20-22). Dios es el
Dios de milagros, señales y prodigios y El realiza estos actos
sobrenaturales para demostrar Su poder y amor al pueblo necesitado y
para guiarles hacia El mismo. Aunque
Su Palabra es confirmada por señales y prodigios, El no quiere que
nosotros vayamos únicamente buscando las señales.
El desea que le prestemos atención al mensaje del evangelio y a
Su llamado al arrepentimiento.
Jesús
predicó el arrepentimiento en todas partes y también anduvo enseñando
y sanando a todos aquellos que venían a El.
Generalmente somos bien prontos para correr al Señor por
sanidad, pero no muy rápidos en correr hacia El en arrepentimiento.
Jesús
fue retado por algunos para probar quien era El haciendo señales.
“Entonces respondieron algunos de los escribas y de los
fariseos, diciendo: Maestro,
deseamos ver de ti señal. El
respondió y les dijo: La
generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será
dada, sino la señal del profeta Jonás.
Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y
tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra
tres días y tres noches. Los
hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y
la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás,
y he aquí más que Jonás en este lugar”
(Mt. 12:38-41).
Tenemos un Dios grande, un Dios que nos ama más que cualquiera.
El es una ayuda siempre presente en el tiempo de necesidad.
El está presente cuando necesitamos arrepentirnos y El mismo nos
guía bondadosa y compasivamente al arrepentimiento.
¡Aleluya!
Recibir
de los dones sobrenaturales de Dios es maravilloso, pero también
tenemos que permitirle a Dios que produzca fruto en nuestra vida. Jesús desea que llevemos fruto y que permanezca.
Parte de ese fruto es el fruto del arrepentimiento.
Recuerde que Mateo 3:8 dice que debemos producir frutos dignos de
arrepentimiento. Jesús
dijo en Juan capítulo 15: “Permaneced
en Mí, y yo en vosotros. Como
el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la
vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en Mí.
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y
Yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de Mí nada podéis
hacer. En esto es
glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis
discípulos” (Jn 15:4,5,8).
“Permanecer” significa someterse a, llevar a cabo y vivir según
una promesa. ¿Estamos
sometidos a Jesús, llevando a cabo y viviendo según nuestras promesas
a El? ¿Le amamos lo
suficiente a El para obedecerle? El Señor dice que debemos amarle con toda nuestra mente,
alma, corazón y fuerza. Mis
amados, el arrepentimiento es un cambio de nuestra mente y actitudes, y
necesita que ejercitemos de toda la fuerza que nos ha dado Dios para
apartarnos y hacer un cambio radical del pecado en nuestra vida.
Debemos rendir nuestro corazón al clamor del corazón de Dios
para arrepentimiento. Dios
sabe que luchamos para arrepentirnos, así que El nos ayuda por Su
gracia y Su poder sobrenatural para hacerlo.
El observa de cerca como reaccionamos ante cada situación en
nuestra vida. Jesús dijo: “Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le
dijo: Hijo, ve hoy a
trabajar en mi viña. Respondiendo
él, dijo: No quiero; pero
después, arrepentido, fue. Y
acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él,
dijo: Sí, señor, voy. Y
no fue. ¿Cuál de los dos
hizo la voluntad de su padre? Dijeron
ellos: El primero” (Mt.
21:28-31). Como ven, el
verdadero arrepentimiento no es solamente servicio de labios sino una
decisión del corazón. Recuerden,
Jesús es Señor de aquellos que hacen la voluntad del Padre en el
cielo.
El
arrepentimiento es una decisión y un paso de fe. No es algo que podemos hacer en la carne, sino que es una
acción sobrenatural de nuestra parte.
Dios no puede arrepentirse por nosotros.
Nosotros no podemos arrepentirnos los unos por los otros.
Solamente podemos arrepentirnos por nosotros mismos.
Es un acto de nuestra voluntad ejercitado hacia la voluntad de
Dios.
Permítanme
concluir diciendo que si queremos ser más y más libres, entonces
tenemos que estar dispuestos a arrepentirnos más y más.
Es un proceso de aprendizaje, mis amigos, y precisa que
aprendamos que Dios no quiere que pongamos excusas por nuestros pecados;
sino quiere que nos arrepintamos de nuestros pecados para que podamos
ser libres y experimentar una vida victoriosa mientras estamos sobre la
tierra.
El
arrepentimiento es una de las claves para el mover de Dios de los últimos
tiempos. ¿Seremos nosotros
una parte de ese mover? Si
deseamos ser una parte, entonces arrepintámonos con celo y entusiasmo y
seamos libres para servirle en estos últimos días.
¡La gloria sea para Jesús!
Con
urgencia,
Buddy
Axley
Septiembre,
1997
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